Gonzalo Mariátegui, al que conocemos como un inspirado autor de hermosos cuentos, algunos de ellos de contenido más bien dramático, se nos muestra ahora en el cultivo del humorismo irónico, vinculado a lo que el español Ramón Gómez de la Serna llamó Greguerías, que es como una filosofía de tono menor, que considera los significados de las conductas y las afirmaciones, no por el lado grave del ser y el pensar, sino por el irónico y subyacente en el quehacer humano. Para eso precisa tener un genio vivo, despierto y también una penetración conceptual, aguda y perspicaz. Mariátegui en estos novedosos Epigramas nos demuestra cuán profundo se puede ser tratando con aparente superficialidad, lindera con chistoso, temas de los que solemos ocuparnos los actores comunes y corrientes, sacándole con la agilidad del ingenio, su esencia, para mostrarnos lo de banal que cada concepto conlleva.
Lo cierto es que Mariátegui ha logrado superar al iniciador de ese modo de conjeturar, Gómez de la Serna, y nos da, en un agradable conjunto de Epigramas de su selección una imagen nueva, divertida y aleccionadora del ser y el existir. Casi me parece que él, ha adoptado para cumplir esta nueva faceta de su obra literaria, aquel adagio latino que festeja el humos y la moraleja: Castigat ridendo mores. Este opúsculo mariatiguesco se lee de corrido y nos deja un sabor a fino y penetrante humor.
Lima, julio de 2000
Juan Manuel Ugarte Eléspuru
Ex Director de la
Escuela Nacional Superior Autónoma
de Bellas Artes del Perú