Escritor peruano cuya narrativa se caracteriza por su estilo ágil y visión lúdica, a la vez que desilusionada de la vida. Gonzalo Mariátegui nació en Lima, el 22 de abril de 1943. Por razón de la carrera diplomática de su padre, pasó los primeros diecinueve años de su vida en el extranjero: Chile, Estados Unidos, Portugal, España, Panamá y Guatemala.
A su regreso al Perú ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde estudia en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas así como en la Facultad de Derecho, graduándose de abogado en 1969. En 1964 ingresa por concurso de méritos a la cancillería peruana como empleado administrativo. Permanece dos años en el Palacio de Torre Tagle; llegando a desempeñarse como secretario personal del entonces Secretario General del Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador Alberto Wagner de Reyna, posteriormente embajador ante la UNESCO, en París. Pero la carencia de vocación por la carrera diplomática y su espíritu inquieto en busca de distintos horizontes hace que Mariátegui desista de postular a la Academia Diplomática y resuelva incursionar en el sector privado.
Debido a su dominio del idioma inglés, tanto escrito como hablado, Mariátegui trabaja en los departamentos legales de importantes empresas multinacionales. Con posterioridad a su graduación continua en esta actividad. Sin embargo, en 1977 decide abandonar la abogacía para dedicarse al arte.
Durante dos años dirige una galería de arte contemporáneo en el distrito de Miraflores. Rápido la galería toma prestigio y organiza audaces muestras colectivas e individuales de destacados plásticos peruanos. En 1978, estando las fuerzas armadas aún en control del poder político del país, Mariátegui organiza una muestra colectiva de pintores, titulada: La Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual congregó a los pintores peruanos de mayor renombre. Cada cual asumió un derecho e interpretó su trasgresión. La exhibición constituyó un éxito y una novedad a nivel latinoamericano. Sin embargo, los propietarios de la galería por temor a represalias del gobierno militar deciden cerrar la galería. Nuevamente Mariátegui regresa al ejercicio de la abogacía como medio de subsistencia. Esta vez abrirá su estudio de abogado en su hogar. No obstante esta adversidad, continúa interesado en el arte y decide ingresar a talleres libres donde estudia dibujo y grabado, con el propósito de desarrollar su propia obra.
A pesar que sus trabajos (dibujos a la tinta; grabados en litografía y serigrafía) son acogidos con entusiasmo por el público limeño en muestras individuales realizadas en galerías de prestigio, con pesar Mariátegui decide abandonar la práctica de las bellas artes por considerar que su inquietud artística no está íntegramente expresada en éstas. Algo falta y sigue la búsqueda.
Durante la siguiente década participará activamente en política partidaria; y, posteriormente, cantará profesionalmente en diferentes centros nocturnos como figura principal, con su propio grupo musical. Finalmente, en 1994 Mariátegui termina por identificar a la escritura como su auténtica vocación. Todo lo demás quedará atrás. Y con vehemencia inicia su producción literaria con su libro de cuentos,
La cuerda floja (1996). Luego seguirá el segundo libro de cuentos,
La escalera de caracol (1998); y, con
Los prójimos (2000), concluye su ciclo de relatos. Ese mismo año publica su colección de greguerías,
Epigramas de un nómada.
Los cuentos de Mariátegui están referidos a temas urbanos;
algunos son de carácter realista y otros del género fantástico; inclinándose más hacia el realismo. En todos seguirá la fórmula del destacado cuentista Julio Ramón Ribeyro: En el cuento no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible. Los finales de la cuentística de Mariátegui son inesperados. Al respecto, el poeta Gustavo Flores ha escrito: El fin de cada cuento es rotundo. El punto final se fusiona con la última palabra. Es esta última la que le da sentido al cuento, coherencia y continuidad. Al final de cada texto, como en el fin del arco iris, siempre hay un tesoro, que Mariátegui lo invita descubrir.
Uno de sus cuentos (El payaso) fue llevado al cine bajo el nombre de La cuerda floja, título del libro del que proviene. El cortometraje mereció el Primer premio de la Comisión Nacional de Cinematografía (CONACINE) 1997.
Gonzalo Mariátegui también ha incursionado en la dramaturgia. Tiene escrito dos dramas: La tragedia del Dr. Fuertes y Frédéric & George. En ambas piezas la premisa es: La existencia humana no tiene razón de ser, sino se es amado. En diciembre del año 2003 por su obra Frédéric & George recibe el Primer puesto en el Primer Concurso Nacional de Obras de Teatro en un Acto para Autores Noveles, organizado por la Universidad Ricardo Palma. En el año 2002 se embarca en su primera novela, la cual da como resultado la novela erótica: La virtud de Alexandra. A pesar que el reconocido literato peruano Francisco Bendezú -dos veces Premio Nacional de Poesía y declarado por el Instituto Nacional de Cultura como Patrimonio cultural vivo del país- aplaude con entusiasmo las calidades literarias de la novela, Gonzalo Mariátegui no encuentra apoyo en el reducido ambiente editorial limeño. Sin embargo, Mariátegui -ante el continuo entusiasmo de Paco Bendezú- supera su desaliento y se lanza a auto editarlo, no con poco esfuerzo económico.
En diciembre de 2003,
La virtud de Alexandra es presentada en sociedad en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Dos meses después, en febrero de 2004, las librerías CRISOL, del grupo español Santillana, dan a conocer que
La virtud de Alexandra figura en el décimo lugar de su clasificación de ventas de libros de ficción. En los meses siguientes alcanzará el sexto lugar, para sorpresa de los escépticos.
ACTIVIDAD ACTUAL:
Actualmente Gonzalo Mariátegui está dedicado a escribir su segunda novela, la misma que también está enmarcada dentro del género erótico y cuyo nombre provisional es: El hombre más glorioso.