La virtud de Alexandra del polifacético Gonzalo Mariátegui es la mejor novela erótica escrita en el mundo en el curso de los tres años transcurridos de esta centuria todavía incierta.
Francisco Bendezú
Poeta
Gonzalo Mariátegui pasea su arte y su imaginación colgado de la ficción de la realidad virtual o tal vez la realidad real de Alexandra Collado, una mujer peruana que vive y al parecer muere en este valle de lágrimas, con los tormentos, las alegrías, las torturas y las libertades que su situación social, que su ingenuidad, que su libertad de gaviota (de Antón Chejov), que su pulsión sexual indomable, que su valentía o su majadería, o su cinismo o su hambre y su sed de enquistar su mismirat la empujaron a vivir y morir entre las fronteras o las rejas de una sociedad aún encerrada en el prejuicio, la moralina, el crepúsculo vespertino de la razón o tal vez en la antesala de la esquizofrenia social.
Artidoro Cáceres Velásquez
Doctor en medicina - Sexólogo
Considero que el libro escrito por Gonzalo Mariátegui, La virtud de Alexandra, es de primera clase. Es una novela que plantea y desarrolla el tema del erotismo con una sobriedad y una fineza que no he encontrado en otros libros del mismo género. El argumento, desarrollado con gran delicadeza, es muy original, tanto en la forma como en el fondo. Cuando se comienza a leerlo, como en toda buena novela, hay que leerlo de un tirón. Felicito al autor y le auguro un gran éxito.
Francisco Miró Quesada C.
Filósofo
Conozco al autor de esta feliz novela erótica desde hace más de treinta años. He visto algunos de los caminos de Gonzalo Mariátegui, su autor, sus sendas por el Derecho, sus coqueteos por las diferentes rutas del arte; es cantante, fanático de Frank Sinatra y de su voz meliflua y romántica (afición que compartimos), que él interpreta con profesionalismo.
A su tiempo se convirtió en pintor, marchand, galerista, bon vivant, caballero de romance insospechado y cultor del buen comer, beber y conversar, y erótico confidente de la belleza de la mujer y sus recodos.
A mí no me ha sorprendido su novela de alta eroticidad, de alto voltaje, de frenético calor de entre piernas, sudores y salivas. Lo confieso: no sólo me ha gustado su primer trabajo de aliento; conocía sus cuentos, sus greguerías y su afán por el arte, el buen gusto, y esta su novela no sólo supone una dedicación pretenciosa a la escritura, sino un desafío a los cartabones de nuestra sociedad y de las intimidades del ser humano.
Creo que el sexo, el alto erotismo, encubre o describe en nuestro tiempo y pienso que en todos, el grito hondo humano en busca de respuestas, de calmantes, de ensueños que a veces la realidad no es capaz de traernos, o que no somos capaces de vivir por timidez o falta de valentía.
Gonzalo Mariátegui se ha atrevido, con un trabajo que rompe prejuicios, a lo que otros escritores consagrados no han podido o no han querido hacer, o no se han atrevido, a pesar de su experiencia dilatada.
El sexo es una tortura y una liberación. En determinados decibeles es un grito existencial y hasta ontológico; la novela La virtud de Alexandra es una lección para algunos de nuestros escritores consagrados, que no han tenido las virtudes expresivas de las cuales hace gala Gonzalo con finura, con fineza, con fijeza, con filigrana de joyero engarzando joyas, sexo, joyas y más sexo.
Si bien, después de un inicio tan brusco, como la autoconfesión sin remilgos del lesbianismo de la protagonista, el hecho de describir sus ramales familiares puede parecer un tiempo perdido para el lector; luego se explica y esa oxigenación le da no sólo el tempo, sino expresiones que le dan sabrosura a una pincelada de una sociedad que en el fondo ha cambiado pero sigue disfrazando prejuicios.
La novela es también un retrato no de un Dukc o de un JuIius, sino de alguien que ha vivido cerca de esos personajes y que de los mira con amor, aunque lo seduzca, sino hasta con cierta compasión y ojo crítico. No deja de ser una novela social en un extremo.
Mariátegui hace gala de cierto mundo de élite, y su cultura que no nos resulta empalagosa. Es un hombre culto, fino, que ha vivido por los azares de la vida trashumante de diplomático (de su padre), en el extranjero muchos años, sobre todo en su primera juventud; de allí que sus expresiones y modismos tengan el aderezo de un hombre de mundo y de mundillo.
Su prosa es precisa; si bien hay escenas que pueden ser chocantes, la descripción es decorosa, justa, lasciva y convincente. Tiene mecanismos expresivos notables y aciertos incuestionables.
Sabemos que va a tener seguidores; el tema y la incitación lo merecen. Es una novela no solo excitante, sino arrecha, por momentos arrechísima. Utilizó esas palabras porque no hay otras que expresen lo que esta novela manifiesta.
Un acierto y una esperanza de entregas nuevas, que esperamos sean renovadas en sus temas que tendrá mucho cuidado en escoger para no encasillarse. Enhorabuena, amigo.
Un mérito aparte la edición, sobria, elegante, con dibujos e ilustraciones del mismo Gonzalo.
Julio Octavio Garrido
Escritor
GONZALO MARIÁTEGUI, ALEXANDRA VIRTUOSA Y... EL SILENCIO
¿Qué pasa con esta novela supererótica de Gonzalo Mariátegui que viene rodeada de un sospechoso velo de silencio?
¿Quién o quiénes han decretado esto?
La virtud de Alexandra es un absoluto best seller de librerías (mis amigos de Crisol me dicen que se vende como cancha); y sin embargo los versátiles y vermiformes de las páginas culturales y suplementos callan en todos los idiomas.
La novela viene precedida por opiniones impecables de gente del nivel del egregio poeta Francisco Bendezú; nuestro más esclarecido filósofo, el querido Paco Miró Quesada; y, asimismo, del conocido neurólogo y astro mediático, Artidoro Cáceres Velásquez.
Todos coinciden en las altísimas virtudes del texto: Francisco Bendezú con el calificativo entusiástico que le conocemos; Artidoro con un intento de penetrar en los atormentados meandros de la personalidad de Alexandra Collado -la protagonista-; y Paco Miró Quesada, con una ponderación que lo caracteriza y que no lo exime de decimos que este libro es de primera clase, y que Es una novela que plantea y desarrolla el tema del erotismo con una sobriedad y una fineza que no he encontrado en otros libros del mismo género...
Esto, que habría de bastamos para llevar al pináculo de la fama, por lo menos nacional (porque yo sostengo que la obra puede triunfar en cualquier latitud) a la presente novela, sin embargo no es suficiente para consagrar a Gonzalo quien, por cierto, no es un parvenu en las lides literarias, pues tiene tres libros de cuentos exitosos: La cuerda floja (1996); La escalera de caracol (1998) y Los prójimos (2000), Asimismo, sus Epigramas de un nómada, lo consagraron como un nuevo maestro de una prosa en la que se aúnan la agudeza de su incisión, con el carácter desmitificador de un estilo que tiene, a no dudarlo, su culminación en La virtud de Alexandra (2003), libro que apareciera en la última Navidad y que, como muestra de humor negro -lo sabemos- fue cariñosamente obsequiado (debidamente envuelto en su papel con campanitas, sin saber el explosivo contenido que tenía esta suerte de libro-bomba sexual de la más reciente literatura narrativa peruana y en lengua española).
Sin embargo, es dable afirmar que, no obstante lo crudas de las escenas en que discurre la desasosegada vida de la lésbica Alexandra, nunca se llega a lo que clásicamente se conoce como pornografía. El terreno es altamente erótico, eso sí; y la razón es que el autor maneja, magistralmente, el anticlímax, y, asimismo, el texto está adobado de agudas observaciones sobré la política y la circunstancia nacionales, que no son sino fruto de un ser pensante que sabe lo que quiere y lo que dice.
Verbi gratia: Qué duda cabe que la lujuria es mala consejera para los negocios.
Y sólo con billetes se quitan grilletes.
... la mujer no tiene corazón, tiene garaje.
Conocía a la todopoderosa oligarquía peruana y sabía que solo la opulencia y el bato la impresionaban.
Cuando la protagonista seduce a la añosa directora del Colegio que quería expulsarla, escribe, deliciosamente: Con sesenta y cinco años encima, los radicales libres se habían encargado de oxidar a la feroz Miss Stonehenge, la cual con misericordia podía calificar de ruina griega en estado de abandono.
Y mientras ella era una momia egipcia a medio vendar, yo era una chiquilla, con mi regla puntual y en la flor de la vida. Era el himno a la juventud.
Nada más, para terminar, que decirte: lector amigo, no te arrepentirás de un viaje cordial a la isla de Lesbos: allí te atenderá la poetisa Safo, encarnada en esta criollísima Alexandra, creación paradigmática y chef d'ouvre de Gonzalo Mariátegui.
No te aburrirás, tenlo por seguro. Y lee, finalmente, para tu solaz, esta característica frasecita de Alexandra, antes de acostarse con la vieja directora perdonavidas: ¿cómo será tirarme a este camión? ¿Se bañará?
Winston Orrillo
Poeta
La virtud de Alexandra, de Gonzalo Mariátegui, es una novela única y profundamente inspiradora, sobre todo en esos campos sin límites del erotismo puro y sin conexiones, que tanto espanta a los idiotas. Además, es la novela más arrechante que he leído desde aquellas pajas adolescentes que me corría en una biblioteca oscura y solitaria que nadie visitaba ni por razones equivocadas.
Sin saberlo ya estaba descubriendo el arte del erotismo, tan diferente de la sexualidad y que no figura, por supuesto, en las tonterías de Freud, que casi me estropean la vida. Pero no me la estropearon. Y poco a poco, paja tras paja y polvo tras polvo, se me abrió la mirada hacía esta sabiduría, embarrada y satanizada por la estupidez globalizada de la aplastante legión de pajerazos pecadores y pendejos, que viven aterrados ante la belleza inigualable de un placer que no comprenden.
Creo que mi amigo Gonzalo también ha descubierto esa mirada. En muy buena hora.
Armando Robles Godoy
Cineasta y escritor